La educación como valor universal.

La educación es el arma más poderosa que existe para cambiar el mundo.” Nelson Mandela

Educar no es solo transmitir conocimientos, competencias y/o valores. Educar también es luchar contra la aceptación de la injusticia, contra la “normalidad” del desequilibrio, contra la falta de ética, contra la banalidad de los valores.

No podemos (ni debemos) olvidar que la educación es el instrumento que tiene la sociedad para compensar las desigualdades, para posibilitar que todos sus miembros pueden participar activamente de ella aportando su máximo potencial de forma crítica y constructiva para progresar hacia un mundo más justo.

La gran paradoja de la educación es que es, al mismo tiempo, transmisora y conservadora de la tradición cultural de una sociedad, y motor de cambio y transformación. Aunque casi siempre se potencia más su aspecto de perpetuación de la tradición sociocultural de la sociedad a la que sirve, no debemos subestimar su fuerza como motor de cambio.

La educación es un valor universal, un lenguaje común que nos une, que nos hace a la vez iguales y diferentes. El mundo en el que vivimos, donde la información viaja a la velocidad de la luz, potencia el valor de la educación como “arma de construcción masiva” y como fuerza impulsora de una nueva manera de entender el mundo.

   Si no creyera que la educación es una herramienta capaz de cambiar el mundo, mi labor y la de los millones de personas que nos dedicamos a la educación, en cualquiera de sus ámbitos y en cualquier punto del planeta, carecería de sentido.

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